Thursday, March 30, 2006

Existe la posibilidad que en la sociedad del Hombre Light en la que vivimos, como el ensayista Enrique Rojas ahonda, estemos necesitados de simples cosas, simples o nulos esfuerzos, superficialidad, que la profundización que nos ofrece la lectura y la escritura sean demasiado derroche de energía. Y de ese modo olvidemos que son la entrada al conocimiento.
¿Será así?
La nuevo surge de lo antiguo
Llaves al
conocimiento

“Si no estudiás no lograrás nada; será muy difícil que obtengas un trabajo, que sostengas tu vida; porque hoy si no estudiás no te tomarán en ningún lado”. Éstas son algunas de las frases que se suelen oír, dan cuenta de que algo ya no es igual que antes. Subrayan parte de los aspectos básicos de la sociedad del conocimiento. Profundicemos en esta cuestión. Se está asociando al estudio, a la capacidad de desarrollarse intelectualmente con ciertos fines que asegurarían nuestra subsistencia. El sociólogo Manuel Castell aporta más claridad: “sin duda, el conocimiento y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo…”.

Del mismo modo, Sócrates sostenía: “Sólo hay un bien, el conocimiento; sólo hay un mal, la ignorancia.” Vale aclarar que no es información. Mario Bunge explica de modo sintético que la Información más su evaluación dan como resultado al conocimiento. Este último es interiorizado, estructurado, sólo puede crecer lentamente, sólo es humano, conduce a la acción; la información, en cambio, se puede automatizar, es inerte, es algo externo y rápidamente acumulable.

En el bosquejo de algunos de los componentes del conocimiento, se incorpora la lectura y la escritura como fundamentos primordiales. Se considera a la lectura como la capacidad de los humanos alfabetizados para extraer la información textual. Hay quienes sostienen que es la llave del conocimiento en la sociedad. Y los investigadores coinciden en que “leer y escribir son, justamente, una herramienta con la cual alguien se apropia de un conocimiento” o construye uno. Este último fin, se ha convertido en la meta real de muchas corporaciones y de algunas personas. Desde Harvard explican que la escritura y la expresión no son parches, sino instrumentos que abren puertas y dan poder.
La amplia acumulación de datos que ha constituido la era digital no será nada sin hombres que los recorran, integren y asimilen. Y esto no será posible sin habilidades avanzadas de lectura. Y de aquí el problema, hoy se plantea que muchos jóvenes llegan a las carreras de grado o terciarios con problemas para producir y comprender textos. Son necesarios niveles adelantados de lectura que estén basados simplemente en saber leer y escribir correctamente, en preocuparse por ello y dar hábito a estas actividades. Si uno no sabe hacerlo como es debido cómo producirá y comprenderá textos, si no puede comprenderlos cómo se apropiará de conocimientos. Quedarán a su disposición sólo los transmitidos de otras formas que son los mínimos.

He llegado leer en el periódico: “…También lo vemos entre nosotros mismos, los directivos y las autoridades educativas, ocupados por resolver cuestiones de financiamiento o propias del entretejido burocrático jurisdiccional, que en tratar de reinsertar el valor del conocimiento y la disciplina junto con el imprescindible esfuerzo que el estudio debiera tener para nuestras jóvenes generaciones”. No existe o al menos no conozco ni “los medios me lo han dado a conocer” formación académica que sólo se concrete con actos que excluyan la palabra escrita.

Puede que se haya caído en el error, por parte de cualquiera de las generaciones, de pensar que los libros, el polvo, las viejas librerías, lo antiguo, el leer y escribir caen en los mismos bagajes. Dan a entender que leer y escribir frente a la fuerza de la imagen, la velocidad de los hechos, la realidad virtual están simplemente pasando a otra era que podríamos llamar: ¿antigua? Para nada, si la tecnología misma incorpora nuevas palabras, neologismos para entenderse y darse a conocer.

El saber necesario para cambiar un cartucho de tinta de la impresora puede darse sólo con imágenes o la última tecnología que posee un auto puede conocerse con un video clip. Pero a la hora de la profundización aparecen las palabras, los manuales, los libros de ayuda de solución de errores y esas cuestiones. Y así se da cuenta de que la nueva era en ascenso, del conocimiento, de lo tecnológico, de lo “e” necesita de una base, en este caso, de la lectura y la escritura, y de hacerlo bien por supuesto. Es así como lo nuevo necesita como base de lo viejo, de un paso anteriormente hecho para sostenerse.
Sí, existe la posibilidad que en la sociedad del Hombre Light en la que vivimos, como el ensayista Enrique Rojas ahonda, estemos necesitados de simples cosas, simples o nulos esfuerzos, superficialidad, que la profundización que nos ofrece la lectura y la escritura sean demasiado derroche de energía. Y de ese modo olvidemos que son la entrada al conocimiento. ¿Será así?